Eran frívolas, sabias y peligrosas… Las centenarias del Lyceum Femenino

A cien años de la fundación del Lyceum Club Femenino, la conmemoración de su legado histórico y el paralelismo con el Club Nosotras de República Dominicana visibilizan la gesta de las pioneras que transformaron la cultura y los derechos de las mujeres.
A un siglo del nacimiento del Lyceum Club Femenino clave para la modernización de España, se conmemoran los 100 años del legado, los referentes y la vigencia del feminismo mediante ejercicios de memoria democrática.
He dado seguimiento a las principales actividades, pero es muy prometedora la «Exposición Lyceum femenino: 100 años de legado, referentes y vigencia del feminismo», organizada por el Fórum Política Feminista en el vestíbulo de la Escuela de Comercio de Gijón, el cual será del 22 de octubre al 6 de noviembre de 2026.
El programa incluye una jornada inaugural y la conferencia de la reconociada académica feminista Rocío González Naranjo —autora del ensayo Marisabidillas, frívolas y peligrosas. El Lyceum Club Femenino de Madrid (1926-1936)— el 23 de octubre, sumándose al interés historiográfico de obras recientes como El club de las modernas, de la también académica Eva Cosculluela.
Aquellas mujeres, tildadas injustamente en su tiempo, demostraron que su audacia no era frivolidad ni peligro, sino la sabia determinación de transformar la historia.
¿Qué pasó en Madrid en 1926?
Fundado en Madrid en 1926 bajo el impulso de figuras como María Martos, María de Maeztu, Carmen Baroja, Victoria Kent, Pilar de Zubiaurre, Clara Campoamor y Ernestina de Champourcín, el Lyceum Club Femenino nació como una asociación cultural privada dedicada al arte, las ciencias y el debate libre.
Surge con la firme misión de «adelantar el reloj de España» y el de los derechos de la mujer, agrupando a más de 500 socias que desafiaron abiertamente las teorías machistas de la época que pretendían justificar la inferioridad femenina o tachar de «frívolas» y «peligrosas» a las mujeres eruditas.
Su labor trascendió las aulas para plasmarse en un verdadero «feminismo de acción» con impacto legal e institucional. En enero de 1927, la Sección Jurídica del club —encabezada por Clara Campoamor, Victoria Kent y Matilde Huici— presentó once propuestas de reforma ante la Comisión de Códigos para modificar el Código Penal y el Código Civil.
Sus reclamaciones cuestionaron preceptos como el artículo 438 del Código Penal y las leyes que exigían autorización marital para trabajar, comerciar o administrar bienes, así como la obediencia legal de la esposa al marido.
¿Qué decía el artículo 438 para que fuera una de las campañas del Lyceum Club Femenino?: «El marido que sorprendiendo en adulterio a su mujer matase en el acto a esta o al adúltero o les causará alguna de las lesiones graves, será castigado con la pena de destierro. Si les causara lesiones de segunda clase, quedará libre de pena».
También, en el campo pedagógico y social, las socias mantuvieron con recursos propios su sede en la Casa de las Siete Chimeneas e impulsaron la Casa de los Niños en Cuatro Caminos, una guardería dirigida por Consuelo Bastos que ofrecía atención médica y alimentación a familias trabajadoras.
Allí, Elena Fortún desarrolló la «hora del cuento» que dio origen al emblemático personaje infantil Celia, mientras que el Comité del Libro para el Ciego, coordinado por Mercedes Rodrigo, promovió la transcripción de obras a Braille en la Biblioteca Nacional y la formación profesional de personas con discapacidad visual.
Para financiar sus proyectos, cedieron obras de arte y organizaron funciones en el teatro de cámara El Mirlo Blanco con figuras como Ramón María del Valle-Inclán y Miguel de Unamuno. A pesar de los ataques de amplios sectores conservadores e intelectuales, la recuperación de su archivo histórico confirma la hazaña de más de medio millar de mujeres que sentaron las bases de la emancipación intelectual y social femenina.
¿Cómo inspiró el Lyceum al Club Nosotras?

Fundado en Madrid en 1926 bajo el impulso de figuras como María Martos, María de Maeztu, Carmen Baroja, Victoria Kent, Pilar de Zubiaurre, Clara Campoamor y Ernestina de Champourcín, el Lyceum Club Femenino nació como una asociación cultural privada dedicada al arte, las ciencias y el debate libre.
Esta búsqueda de espacios propios de libertad tuvo un claro reflejo en Hispanoamérica. En República Dominicana, en 1927, se fundó la Sociedad de Cultura Club «Nosotras», una entidad femenina que compartió el mismo anhelo de abrir brecha en el ámbito cultural y social, promoviendo el debate y la formación intelectual de las mujeres dominicanas en un entorno de acusada desigualdad.
La Sociedad de Cultura Club «Nosotras» mantuvo su labor hasta 1935, cuando debió disolverse ante la falta de apoyo y financiamiento. La reseña de su desaparición, publicada por Petronila Angélica Gómez Brea, evidencia las barreras estructurales de la época mediante una elocuente sugerencia dirigida «(…) a las integrantes del Club Nosotras de solicitar una parte de la Biblioteca Municipal para colocar los libros del primer club femenino dominicano que se disolvió “por falta de cooperación económica”, de manera que “las mujeres, estimuladas por los hombres, irían a beber en esa fuente”» (Fémina, 1935j: 14, s/p).
El paralelismo entre el Lyceum Femenino y el Club Nosotras pone de manifiesto cómo las mujeres a ambos lados del Atlántico debieron autoorganizarse, financiar de su bolsillo la cultura y donar sus acervos ante la incomprensión social. Que se sugiriera que los hombres irían a «beber en esa fuente» ilustra la paradoja de un esfuerzo femenino que, aun habiendo sido ahogado económicamente, terminó enriqueciendo el patrimonio intelectual de toda la comunidad.
A cien años del inicio de este movimiento centenario, el legado de las integrantes del Lyceum Femenino y del Club Nosotras se erige como un faro de dignidad e inteligencia. Aquellas mujeres, tildadas injustamente en su tiempo, demostraron que su audacia no era frivolidad ni peligro, sino la sabia determinación de transformar la historia; una fuente viva de la que hoy todas y todos seguimos bebiendo.






