Las Mariposas no murieron para ser solo memoria: la urgencia de la Ley Mirabal

La reciente presentación del proyecto de Ley Orgánica de Respuesta Integral a las Violencias contra las Mujeres («Ley Mirabal») por parte del Ministerio de la Mujer representa un paso legislativo decisivo. 

En la República Dominicana, las conmemoraciones oficiales suelen caer en la trampa del tributo estéril y la fosilización de la memoria, muy alejadas de la genealogía. Y hoy no ha sido diferente… 

Cada 15 de octubre, al recordarse el nacimiento de María Teresa Mirabal en Ojo de Agua, en 1935, el discurso público apela al heroísmo abstracto de las «Mariposas» mientras esquiva el análisis profundo sobre las agresiones que continúan azotando a las mujeres en el país. 

Pues, nombrar el pasado exige cuestionar cómo se continúa permitiendo que la violencia machista y la impunidad sigan cobrando vidas cotidianamente.

María Teresa Mirabal no debe ser recordada hoy, cuando cumpliría 91 años, como una víctima pasiva ni como una figura decorativa del altar patrio. Agrimensora, matemática, madre joven y militante activa del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, María Teresa encarnó la audacia de una juventud emancipada que convirtió el conocimiento científico, la maternidad y el espacio público en trincheras de resistencia contra la dictadura trujillista. 

Su compromiso político, compartido con sus hermanas Patria y Minerva, desafió directamente el mandato patriarcal que relegaba a las mujeres al silencio y a la docilidad doméstica.

La respuesta del régimen fue la manifestación más encarnizada del terrorismo de Estado entretejido con el machismo. Tras sufrir detenciones arbitrarias y torturas en los centros de represión de La Cuarenta y La Victoria, María Teresa, Minerva, Patria y el chofer Rufino de la Cruz fueron brutalmente apaleados y estrangulados el 25 de noviembre de 1960 por agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM). 

El intento gubernamental de disfrazar la ejecución extrajudicial como un «accidente automovilístico» expuso la crueldad de un sistema represivo que consideraba las vidas de las mujeres como territorio de sometimiento y desecho.

En la actualidad, las cifras de feminicidios, abusos sexuales, violencia intrafamiliar y control reproductivo confirman que la violencia machista permanece como una crisis estructural en la República Dominicana.

El movimiento feminista latinoamericano, reunido en Bogotá en 1981, resignificó de manera radical este horrendo crimen al declarar el 25 de noviembre como el Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres, una fecha posteriormente institucionalizada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1999. 

Así, las Mariposas trascendieron las fronteras nacionales no por la forma trágica en que les fue arrebatada la vida, sino porque su resistencia política puso en evidencia que la violencia ejercida sobre las mujeres es una violación estructural a los derechos humanos e insostenible para cualquier proyecto democrático.

Sin embargo, como denunció Minou Tavárez Mirabal, hija de Minerva Mirabal y Manolo Tavárez Justo, a sesenta años del asesinato de su madre y tías, la caída formal de la tiranía no erradicó las prácticas autoritarias ni el patriarcado institucional. Durante décadas, los verdugos y cómplices del régimen gozaron de impunidad o protección política, mientras los sucesivos gobiernos reprodujeron estructuras donde los derechos fundamentales de las mujeres fueron privatizados o desatendidos. La impunidad histórica ha sido el fertilizante de la violencia sistemática que aún enfrenta la sociedad dominicana.

En la actualidad, las cifras de feminicidios, abusos sexuales, violencia intrafamiliar y control reproductivo confirman que la violencia machista permanece como una crisis estructural en la República Dominicana. Reducir la lucha de las Mirabal a discursos de ocasión resulta una burla frente a la realidad de miles de niñas, adolescentes y mujeres que siguen desprotegidas por un sistema judicial indolente y políticas públicas ciegas al género. La memoria no puede ser un adorno del calendario; debe ser un motor de transformación social e institucional.

Frente a esta deuda histórica, la reciente presentación del proyecto de Ley Orgánica de Respuesta Integral a las Violencias contra las Mujeres («Ley Mirabal») por parte del Ministerio de la Mujer representa un paso legislativo decisivo, lo cual ha señalado la ministra Gloria Reyes. 

Esta pieza no surge como una simple concesión gubernamental, sino como el resultado acumulado de las exigencias del movimiento de mujeres y de legisladoras comprometidas con traducir la memoria histórica en una política de Estado obligatoria y transversal.

¿Qué aporta la Ley Mirabal? 

Desde una perspectiva analítica y feminista, la Ley Mirabal aporta herramientas fundamentales al tipificar formas complejas de agresión como la violencia vicaria, la ginecoobstétrica, la política, la digital, la económica y la feminicida.

 Al consagrar el principio de debida diligencia, establecer la gratuidad y no revictimización en los procesos, y prohibir taxativamente la conciliación o mediación en los delitos de violencia contra las mujeres, la ley busca desmantelar la permisividad judicial que históricamente ha favorecido a los agresores.

La Ley Mirabal constituye la prueba de fuego para la sociedad dominicana y sus instituciones: solo cuando cada mujer y niña pueda vivir libre de miedo y discriminación en su tierra, el legado de María Teresa, Minerva y Patria habrá alcanzado su plena justicia

Asumir la Ley Mirabal exige una profunda responsabilidad colectiva que compromete a todos los poderes del Estado, al sector privado, a los medios de comunicación y a las organizaciones comunitarias. 

Honrar a María Teresa, Patria y Minerva Mirabal no se logra solo depositando flores en sus tumbas ni citando sus frases en efemérides; se demuestra dotando de presupuesto real al Sistema de Respuesta Integral, capacitando a los operadores de justicia y erradicando el sesgo machista en las aulas y juzgados.

Honrar a las hermanas Mirabal con la ley es entender que la verdadera democracia es incompatible con la violencia hacia las mujeres. La aprobación, promulgación e implementación efectiva de la Ley Mirabal constituye la prueba de fuego para la sociedad dominicana y sus instituciones: solo cuando cada mujer y niña pueda vivir libre de miedo y discriminación en su tierra, el legado de María Teresa, Minerva y Patria habrá alcanzado su plena justicia