Nuestra ciudadana mayor, Altagracia Salazar, reconocida en Nueva York

La periodista dominicana recibirá el domingo 12 de julio un reconocimiento oficial del Estado de Nueva York, otorgado por el Asambleísta George Alvarez, en un homenaje organizado por los Patieros de Nueva York en el Bronx. El gesto institucional pone en primer plano una trayectoria que excede los medios y se instala en la historia del periodismo independiente dominicano —y en la del feminismo que se ejerce desde el micrófono.
Hay periodistas que informan. Y hay periodistas que forman. Altagracia Salazar pertenece a esa segunda categoría: la de quienes, a lo largo de más de cuatro décadas frente a micrófonos y cámaras, no solo narraron la realidad dominicana sino que contribuyeron a moldear la conciencia cívica de un país. Su nombre está asociado a los grandes medios de comunicación de la República Dominicana, pero también —y quizás sobre todo— a los momentos en que el periodismo se jugó su credibilidad frente al poder. Y a los espacios donde las mujeres tomaron la palabra para nombrar lo que el periodismo convencional prefería no ver.
Salazar construyó su carrera en las redacciones y estudios de algunas de las instituciones mediáticas más influyentes del país: El Nuevo Diario, Radio Televisión Dominicana, Teleantillas, Telecentro, CDN, RNN Canal 27 y La Z 101. Ese recorrido por medios de distinta naturaleza —prensa escrita, radio, televisión abierta y por cable— le dio una versatilidad poco común y una audiencia transversal que abarcó generaciones y geografías. No fue una periodista de nicho: fue una periodista de país. Pero dentro de ese país, supo ver con especial atención a quienes el periodismo dominicano históricamente había ignorado: las mujeres, sus cuerpos, sus territorios, sus luchas.
Esa mirada no fue accidental. Forma parte de un compromiso sostenido con el periodismo feminista que Salazar ha cultivado también fuera de los medios masivos, en los espacios donde las mujeres dominicanas construyen agenda propia. Su vínculo con Ciudadanía Fémina —organización referente en la defensa de los derechos de las mujeres en la República Dominicana— es expresión de esa coherencia: la de una periodista que entiende que informar sobre las mujeres no es un suplemento del periodismo real, sino su condición más urgente. Ciudadanía Fémina ha sido un espacio de producción de pensamiento crítico sobre género, democracia y ciudadanía, y la presencia de Salazar en sus iniciativas no es decorativa: es la de alguien que lleva al debate público una voz formada en la calle, en la redacción y en la escucha de miles de mujeres dominicanas.
Moderadora del panel del Cuarto Foro de Mujeres Periodistas Dominicanas
Esa trayectoria la llevará a ocupar un lugar central en uno de los paneles más significativos del periodismo feminista dominicano reciente: "Visibilizando Territorialidades", presentado por Aris Beltré y moderado por la propia Altagracia Salazar.
El concepto de territorialidad —tomado de la geografía crítica y la teoría feminista— no refiere solo al espacio físico. Refiere a los modos en que los cuerpos, las comunidades y las identidades se inscriben en el territorio y producen conocimiento desde él. En el periodismo dominicano, las territorialidades de las mujeres han sido invisibilizadas de manera sistemática: las mujeres rurales, las mujeres afrodescendientes, las mujeres de los barrios populares, las mujeres migrantes, las mujeres jóvenes en los márgenes digitales. Visibilizar esas territorialidades es, al mismo tiempo, un acto periodístico y un acto político. Que Altagracia Salazar sea la moderadora de ese panel no es un dato menor: es la confirmación de que su lugar en el periodismo dominicano está también en ese núcleo conceptual donde el género y el territorio se cruzan para producir una mirada más honesta sobre el país real.
Pero si hay un momento que define su lugar en la historia del periodismo dominicano más amplio, ese es el movimiento Marcha Verde. Surgido en 2017 como respuesta ciudadana al escándalo de corrupción de Odebrecht, la Marcha Verde convocó a miles de dominicanos en las calles durante meses, exigiendo justicia, transparencia y rendición de cuentas. En ese contexto de presión política y mediática, Altagracia Salazar se consolidó como una de las voces periodísticas independientes más influyentes del país. Su cobertura y sus posicionamientos públicos durante ese período le valieron tanto el reconocimiento de la ciudadanía como la incomodidad de sectores del poder que preferían el silencio cómplice de otros comunicadores.
En las plataformas sociales
Con la llegada de las plataformas digitales, Salazar no se quedó en los formatos tradicionales. Creó y conduce Sin Maquillaje y El Patio, dos programas digitales que hoy alcanzan una audiencia masiva tanto en la República Dominicana como en la diáspora dominicana en Estados Unidos y el resto del mundo. Los títulos no son casuales: Sin Maquillaje habla de una periodista que no disimula, que no embellece la realidad; El Patio, de alguien que convoca a la conversación franca, sin protocolos ni filtros institucionales. Ambos nombres tienen, además, una resonancia de género: el maquillaje como metáfora de la performance femenina que se le exige a las mujeres en los medios; el patio como espacio doméstico y comunitario que el feminismo ha reivindicado como lugar de producción de saber y de resistencia.
Su compromiso no se agota en el periodismo político ni en el de género. Altagracia Salazar ha sido también una defensora activa de la protección del medio ambiente y una promotora de iniciativas educativas y comunitarias. Entre ellas se destaca su respaldo a Lleva un Libro en la Maleta (Bring a Book in Your Suitcase), una iniciativa que invita a los dominicanos que viajan al país a llevar libros infantiles para donarlos a niños de comunidades con acceso limitado a materiales de lectura. El gesto es pequeño en logística, pero enorme en simbolismo: una periodista que entiende que la democracia empieza por la alfabetización —y que las niñas que no leen hoy serán las mujeres invisibilizadas del periodismo de mañana.
Es precisamente esa dimensión integral —la periodista, la feminista, la activista cívica, la defensora del ambiente, la promotora de la lectura— la que el Asambleísta George Alvarez del Distrito 78 del Estado de Nueva York decidió reconocer con una New York State Citation, el reconocimiento oficial que el Estado otorga a personas cuya contribución a la comunidad merece ser destacada institucionalmente. La ceremonia tendrá lugar el domingo 12 de julio de 2026, a las 3:30 p.m., en Van Cortlandt Park, en el Bronx, organizada por los Patieros de Nueva York, una coalición de profesionales dominicanos de la diáspora.
Cuatro décadas de periodismo dejan huella. Dejan archivos, entrevistas, columnas, programas, paneles. Pero también dejan algo más difícil de medir: la confianza de una audiencia que aprendió a escuchar una voz y a saber que, del otro lado, hay alguien que no va a mentirle —y que va a nombrar lo que otros prefieren callar. Eso es lo que Altagracia Salazar construyó a lo largo de su carrera. Y eso es, en definitiva, lo más difícil de lograr en el periodismo: no la fama, sino la credibilidad. No la visibilidad, sino la coherencia. El homenaje del próximo domingo en el Bronx es, en ese sentido, mucho más que un acto protocolar. Es la comunidad diciéndole a una de sus voces más honestas que la escuchó, que la valoró y que no la olvidó.






