El corazón de las mujeres también falla: la epidemia cardiovascular que la medicina tardó décadas en descubrir

Un nuevo informe de la American Heart Association proyecta que 6 de cada 10 mujeres tendrán alguna enfermedad cardiovascular para 2050. El dato no es solo médico: es político. Detrás de las cifras hay décadas de investigación diseñada para cuerpos masculinos, síntomas minimizados y un sistema de salud que sigue llegando tarde cuando la paciente es mujer.

Una mujer llega a urgencias con cansancio extremo, náuseas y una presión extraña en la mandíbula. No tiene el dolor en el pecho que aparece en los manuales. El médico le receta ansiolíticos y le dice que es estrés. Horas después, el infarto se confirma. La escena, documentada en múltiples estudios clínicos y repetida en hospitales de todo el mundo, resume con brutalidad lo que una nueva declaración científica de la American Heart Association (AHA) acaba de poner en números: las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte entre las mujeres, y la tendencia va en aumento.

El informe, publicado esta semana en Circulation —la revista científica de referencia de la AHA—, proyecta que para 2050, 6 de cada 10 mujeres estadounidenses tendrán al menos un tipo de enfermedad cardiovascular (ECV). Pero el problema no es solo epidemiológico. Es estructural. Y tiene nombre: sesgo de género en la medicina.

Una crisis que empieza antes de los 20 años

El informe de la AHA no habla solo de mujeres adultas. Habla de niñas. Casi el 32% de las niñas de entre 2 y 19 años podría tener obesidad para 2050, un factor de riesgo cardiovascular que la medicina convencional ha abordado históricamente desde parámetros diseñados para varones.

Los aumentos proyectados abarcan todos los tipos de ECV: enfermedad cardíaca, insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular y derrame cerebral. Y los factores que los impulsan —presión arterial alta, diabetes, obesidad— no son solo condiciones clínicas: son también el resultado de determinantes sociales que afectan de manera desproporcionada a las mujeres.

"El impacto es aún mayor entre quienes experimentan determinantes sociales adversos de la salud, como la pobreza, la baja alfabetización, la residencia rural y otros factores estresantes psicosociales", señaló la doctora Stacey E. Rosen, presidenta voluntaria de la AHA y directora ejecutiva del Katz Institute for Women’s Health.

La pobreza, en otras palabras, también tiene corazón. Y en el caso de las mujeres, ese corazón carga con más peso.

El sesgo que mata: cuando la medicina no fue diseñada para ellas

Durante décadas, la investigación cardiovascular tomó al cuerpo masculino como referencia universal. El resultado persiste hoy en consultorios y salas de emergencia: millones de mujeres reciben diagnósticos tardíos, tratamientos inadecuados o síntomas minimizados por un sistema que históricamente no las vio como sujeto de estudio.

Los síntomas de un infarto en mujeres frecuentemente no coinciden con el retrato clásico —dolor agudo en el pecho, brazo izquierdo— que domina los protocolos médicos y las campañas de salud pública. En ellas, el infarto puede presentarse como fatiga extrema, náuseas, dolor de espalda o presión en la mandíbula. Síntomas que, con demasiada frecuencia, son leídos como ansiedad o estrés.

Expertas europeas han insistido recientemente en que las enfermedades cardíacas siguen estando gravemente infradiagnosticadas e infratratadas en mujeres, a pesar de ser su principal causa de muerte. Y un metaanálisis publicado en mayo de 2026 por la Universidad Johns Hopkins, con datos de 340,000 mujeres en 12 países, confirmó que el riesgo cardiovascular durante la perimenopausia se duplica respecto a los niveles premenopáusicos, independientemente de la edad, el IMC o la diabetes preexistente.

Tres barreras que retrasan la atención

Infobae documentó esta semana las tres barreras que sistemáticamente retrasan la atención médica en mujeres:

  1. La minimización del dolor femenino: frases como "es estrés" o "ya se te va a pasar" siguen siendo respuestas frecuentes ante síntomas cardiovasculares en mujeres.
  2. La falta de enfoque específico en los sistemas de salud, que aplican protocolos diseñados para hombres.
  3. Las barreras de acceso vinculadas a factores socioeconómicos que afectan desproporcionadamente a mujeres, especialmente en contextos de pobreza y ruralidad.

Lo que pasa en República Dominicana

El problema no es ajeno al país. Las enfermedades cardiovasculares son, según datos oficiales del Ministerio de Salud Pública, la principal causa de muerte en República Dominicana entre 2019 y 2023, con las enfermedades isquémicas del corazón encabezando la lista cuatro de esos cinco años.

El cardiólogo dominicano Samuel Ramos advirtió recientemente que los síntomas de un infarto en mujeres pueden ser distintos a los de los hombres, lo que retrasa diagnósticos y tratamientos oportunos. Una alerta que, en el contexto dominicano, adquiere dimensiones adicionales: el acceso desigual a la salud, la carga del trabajo doméstico no remunerado y la falta de tiempo para el autocuidado son factores que pesan más sobre las mujeres que sobre los hombres.

El Servicio Nacional de Salud (SNS) avanza con la estrategia HEARTS para dar seguimiento a pacientes con hipertensión arterial, pero los especialistas señalan que los protocolos aún no incorporan de manera sistemática la perspectiva de género en el diagnóstico y tratamiento.

Prevención con perspectiva: lo que la ciencia recomienda

La AHA propone un marco de ocho factores —el Life’s Essential 8— que combina comportamientos y condiciones de salud: alimentación, actividad física, sueño, tabaco, peso, colesterol, azúcar en sangre y presión arterial. Pero el informe va más allá de la responsabilidad individual y señala algo que el periodismo feminista no puede ignorar: la prevención no puede recaer solo en las mujeres.

Los sistemas de salud deben:

  • Integrar la perspectiva de género en los protocolos de diagnóstico cardiovascular desde la atención primaria.
  • Capacitar al personal médico para reconocer los síntomas atípicos del infarto en mujeres.
  • Incorporar la atención coordinada antes, durante y después del embarazo, y explorar el impacto de la menopausia en la salud cardíaca.
  • Diseñar intervenciones que consideren los determinantes sociales —acceso a alimentos saludables, transporte, vivienda segura— como factores de riesgo cardiovascular.
  • Promover espacios de salud en escuelas, centros comunitarios y consultorios de ginecología, donde las mujeres ya tienen presencia.

Hay una buena noticia en el informe: se espera que las tasas de colesterol alto disminuyan entre casi todos los grupos de mujeres, y que mejoren algunos comportamientos de salud. Pero esa tendencia positiva no alcanzará su potencial si el sistema sigue diagnosticando tarde, investigando poco y escuchando menos.

El corazón también es político

El informe de la AHA es un documento científico. Pero leído desde una perspectiva feminista, es también un documento político. Proyectar que 6 de cada 10 mujeres tendrán una enfermedad cardiovascular para 2050 no es una fatalidad biológica: es el resultado acumulado de décadas de investigación androcéntrica, de sistemas de salud que no fueron diseñados para ellas, de cargas sociales que enferman, y de síntomas que fueron descartados como nerviosismo.

Cambiar esa proyección requiere más que campañas de autocuidado. Requiere reformar los protocolos, financiar investigación con perspectiva de sexo y género, y asumir que la salud cardiovascular de las mujeres es, también, una cuestión de justicia.