Lo que Carmen de Burgos dijo sobre Emmeline Pankhurst: la voz que cruzó el Atlántico

Este 14 de junio se cumplen 98 años de la muerte de la líder sufragista británica. Una periodista española fue de las primeras en documentar y reivindicar su legado hace 99 años.
El 14 de junio de 1928, en Hampstead, Inglaterra, moría Emmeline Pankhurst Goulden —nacida en Mánchester el 15 de julio de 1858— sin alcanzar a ver la victoria completa que había perseguido durante décadas: el voto universal para todas las mujeres británicas, sin distinción de edad. Lo vio a medias. Lo suficiente para saber que la historia no podía ya dar marcha atrás.
Hoy, 14 de junio de 2026, se conmemoran 98 años de su partida. Y en este umbral del centenario, vale la pena recuperar una voz que, desde el otro lado del idioma, supo leer con claridad lo que Pankhurst significaba: la pionera del periodismo feminista y activista española Carmen de Burgos Seguí, conocida como Colombine.
Dos mujeres, una misma convicción

Carmen De Burgos destaca la labor de Emmeline Goulden Pankhurst desde 1927.
Carmen de Burgos (Almería, 1867 – Madrid, 1932) fue la primera periodista profesional en lengua castellana, la primera corresponsal de guerra en España y presidenta de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas, entidad a la cual se unieron las pioneras del feminismo dominicano a través de la revista Fémina. Desde esa trinchera intelectual, construyó uno de los corpus feministas más rigurosos de su tiempo.
En 1927 publicó La mujer moderna y sus derechos, obra que representa la culminación de casi tres décadas de pensamiento sobre la condición femenina. Allí, De Burgos no solo describió el sufragismo inglés: lo analizó, lo defendió y lo situó como modelo de acción política para las mujeres del mundo hispanohablante. Fue una obra fundacional para Petronila Angélica Gómez Brea, que la publicó integra en Fémina, para que las dominicanas despertaran y se unieran a la causa de la ciudadanía.
Lo cierto es que en ese libro, Emmeline Pankhurst Goulden ocupa un lugar central.
"Heroínas" de la acción: cómo De Burgos leyó a las Pankhurst
De Burgos identificó a Emmeline como la fundadora de la «Liga para el derecho de las mujeres» y como la figura que encarnó el paso del feminismo de la petición al feminismo de la acción. No era una observadora distante: era una periodista que había seguido de cerca los pasquines que circulaban en Londres, las caricaturas que ridiculizaban a las sufragistas en la prensa de la época y las estrategias persuasivas que el movimiento desarrolló para contrarrestar esa campaña de descrédito.
Lo que De Burgos documentó en su obra fue, en esencia, el nacimiento de un nuevo paradigma político:
A partir de 1905, el movimiento liderado por las Pankhurst adoptó métodos de lucha enérgica, convencidas de que el Gobierno solo cedería ante la presión.
Esas tácticas —interrumpir mítines, organizar grandes procesiones con el lema «Votes for women», actos de sabotaje, bloqueos a residencias de ministros— eran para De Burgos las respuestas políticas legítimas ante un Estado que negaba sistemáticamente la ciudadanía a la mitad de su población.
El cuerpo como campo de batalla
Uno de los aspectos que De Burgos subrayó con mayor énfasis fue el precio físico que pagaron las sufragistas. Las encarcelaciones, las huelgas de hambre, la alimentación forzada —mencionando específicamente el caso de Sylvia Pankhurst, hija de Emmeline— no eran detalles anecdóticos en su relato. Eran la prueba de que el poder, cuando no puede refutar un argumento, recurre al cuerpo.
Y también señaló algo que la prensa de la época usó en contra del movimiento, pero que terminó jugando a su favor: el acoso sexual que sufrían las sufragistas durante sus enfrentamientos con la justicia. Al ser publicado en los periódicos, ese acoso incrementó el apoyo popular al movimiento. La violencia del Estado se convirtió, paradójicamente, en el mejor argumento de las sufragistas.
La madre que sembró ideas en sus hijas

Emmeline y sus hijas, Christabel y Sylvia.
De Burgos no separó a Emmeline de su familia. En La mujer moderna y sus derechos, la figura de la madre aparece indisolublemente ligada a las de sus hijas Christabel y Sylvia: tres mujeres que encarnaron distintas corrientes del feminismo militante, pero que compartían una raíz común.
Emmeline, en la lectura de De Burgos, no fue solo una líder política. Fue una educadora en el sentido más profundo del término: alguien que inculcó los principios de libertad e ideas feministas en quienes la rodeaban, empezando por su propia sangre.
Ese legado familiar era, para la periodista española, una demostración de que el feminismo no es un accidente individual sino una construcción colectiva que se transmite, que se enseña, que se hereda.
El puente hacia América Latina

Petronila Angélica Gómez Brea
La influencia de De Burgos no se detuvo en España. Como presidenta de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas, su pensamiento cruzó el Atlántico. En 1923 comenzaron a circular sus primeros artículos feministas en publicaciones latinoamericanas. En la revista Fémina, de Petronila Angélica Gómez Brea, en República Dominicana, De Burgos fue referente y colaboradora asidua.
La velada póstuma que unió a las feministas dominicanas en el Ateneo de Macorís en 1932 —el mismo año de la muerte de De Burgos— es testimonio de cuánto pesaba su voz en este lado del mundo. Y a través de ella, también pesaba la de Emmeline Pankhurst.
El sufragismo inglés llegó a América Latina con nombre y apellido. Llegó traducido, analizado y politizado por una mujer que entendió que la lucha por el voto no tenía fronteras.
98 años después
En 1918, el Parlamento británico concedió el derecho al voto a las mujeres mayores de treinta años. Emmeline Pankhurst murió diez años después, el 14 de junio de 1928, apenas semanas antes de que se aprobara el sufragio universal femenino sin restricción de edad en Gran Bretaña. No llegó a verlo firmado. Pero lo había hecho posible.
En 1999, la revista Time la nombró entre las 100 personas más importantes del siglo XX, con una frase que resume todo: «Ella moldeó una idea de mujeres para nuestra época; impulsó a la sociedad hacia una nueva estructura de la cual ya no podía haber vuelta atrás».
Carmen de Burgos lo supo antes. Lo escribió en 1927. Y lo diseminó por un continente que también necesitaba escucharlo.
Hoy, en el 98° aniversario de la muerte de Pankhurst, ambas mujeres merecen ser leídas juntas: la que actuó y la que documentó. La que rompió ventanas en Londres y la que escribió sobre esas ventanas rotas para que otras mujeres, en Madrid, en Santo Domingo, en Buenos Aires, entendieran que también ellas tenían derecho a romper las suyas.
Puedes leer más sobre estos encuentros en mi tesis doctoral. Accede aquí.






