Ellas cuidan el mar: las mujeres detrás de

Mientras el turismo de masas devora el litoral caribeño, son las mujeres quienes están diseñando el sistema que puede salvarlo. En Punta Cana, una iniciativa de economía circular de alcance regional pone en el centro lo que históricamente se invisibilizó: el trabajo femenino de cuidado —esta vez, del planeta.

Punta Cana, La Altagracia — El 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, no fue un día cualquiera en el principal destino turístico del Caribe. Mientras más de cinco millones de turistas al año pisan sus arenas —el 61% de todos los visitantes que ingresan a República Dominicana—, una alianza entre Fundación Puntacana y Parley Dominicana lanzó oficialmente "Puntacana Circular": un proyecto de US$2.5 millones que busca transformar la forma en que este destino produce, consume y desecha.

Detrás de esa cifra y de esa ambición hay mujeres. Mujeres que lideran, que negocian financiamiento internacional, que coordinan comunidades, que enseñan a separar residuos en escuelas y hoteles, que salen a limpiar costas. Mujeres cuyo trabajo, con demasiada frecuencia, queda sepultado bajo los nombres institucionales y las declaraciones de los voceros masculinos.

Esta es también su historia.

El problema que ellas decidieron resolver

La República Dominicana genera más de 13,500 toneladas de residuos sólidos cada día. Menos del 3% de esa montaña ingresa a procesos de economía circular. En Punta Cana, el nudo es específico: los residuos llegan mezclados al relleno sanitario, lo que hace imposible recuperarlos. Plásticos pequeños, láminas, empaques flexibles, materiales compuestos —todo lo que el sistema no sabe qué hacer— termina enterrado o en el mar.

Ese mar que sostiene el ecosistema, el turismo y la vida de las comunidades costeras. Ese mar que las mujeres de la región conocen mejor que nadie, porque son ellas quienes lo habitan, lo pescan, lo limpian y lo enseñan.

Parley Dominicana lleva desde 2018 trabajando exactamente en esa intersección: prevenir la contaminación plástica marina mediante acción directa, educación y alianzas. Su estrategia —evitar, interceptar, rediseñar— no es solo una sigla. Es una filosofía que se ejecuta en ríos, costas y comunidades, muchas veces con manos femeninas. Sus Escuelas Azules y sus Recolectoras Azules son, en gran medida, espacios protagonizados por mujeres que convierten el cuidado ambiental en economía y en dignidad.

Un modelo que pone el cuerpo —y la cabeza

"Puntacana Circular" se ejecutará durante tres años con financiamiento del Caribbean Biodiversity Fund (CBF), a través de la Facilidad Advancing Circular Economy (ACE), y el cofinanciamiento del Gobierno de Alemania, mediante GIZ y KfW. No es un proyecto menor: es una apuesta regional con vocación de replicarse en otros destinos del Caribe.

El plan opera en tres frentes concretos:

1. Separación en la fuente y recolección selectiva. Trece puntos de recolección en hoteles, residenciales, centros educativos, el Aeropuerto de Punta Cana y BlueMall Punta Cana. Tres centros de acopio. Cien recipientes diferenciados. Más de **500 colaboradores del sector turístico** capacitados —entre ellos, una mayoría de mujeres que sostienen la operación cotidiana de la hospitalidad caribeña.

2. Fortalecimiento del Centro de Valorización del Este (CENVAREE). Nuevas tecnologías para ampliar la capacidad de procesar y valorizar residuos, con un modelo pensado para replicarse en otros municipios del país.

3. El Acelerador de Soluciones Sostenibles en Puntacana. El frente más innovador: encontrar una salida viable para los residuos que ningún sistema actual puede procesar. Combustible derivado de residuos (RDF), bloques de construcción plásticos, pirolisis, gasificación. El objetivo es implementar el primer piloto escalable de este tipo en República Dominicana.

Al final de los tres años, el proyecto prevé recuperar 2,000 toneladas de materiales reciclables, prevenir 125 toneladas de residuos y movilizar a 3,000 personas en jornadas de limpieza costera y marina.

Francesca y Paola: cuando el apellido también es compromiso

En el Grupo Puntacana, el apellido Rainieri es sinónimo de visión de largo plazo. Pero en los últimos años, ese apellido también se conjuga en femenino.

Francesca Rainieri, CFO del Grupo Puntacana y presidenta de la Cámara Americana de Comercio de República Dominicana (AMCHAMDR), ha sido una voz consistente en la defensa del turismo de lujo sostenible como modelo de desarrollo territorial. Su argumento es claro: no se trata de crecer más, sino de crecer mejor. Un modelo que, sin decirlo explícitamente, es profundamente feminista en su lógica: priorizar el cuidado del entorno sobre la extracción sin límites.

Paola Rainieri, CMO del Grupo, ha sido la arquitecta de la narrativa de marca que posiciona a Punta Cana no solo como destino de sol y playa, sino como referente de innovación y responsabilidad ambiental. Sin esa narrativa, proyectos como "Puntacana Circular" no tendrían el respaldo institucional ni la visibilidad que necesitan para atraer financiamiento internacional.

Son ellas quienes, desde adentro de una de las corporaciones más poderosas del Caribe, empujan la agenda verde.

Ainhoa León: la ciencia también tiene nombre de mujer

En el ecosistema de Fundación Puntacana, el nombre de Ainhoa León aparece ligado a los momentos más ambiciosos de la institución. Presente en el lanzamiento del Centro de Innovación Marino en abril de 2026 —el capítulo más ambicioso de más de tres décadas de conservación de arrecifes de coral—, León representa a una generación de mujeres científicas y gestoras ambientales que están redefiniendo qué significa conservar el Caribe.

Su presencia en los espacios de decisión de Fundación Puntacana no es decorativa. Es estructural.

El trabajo invisible que sostiene todo

Hay otro liderazgo femenino en este proyecto que raramente aparece en los comunicados de prensa: el de las mujeres de las comunidades costeras de Punta Cana–Verón.

Son ellas quienes, en los programas de Parley Dominicana, operan las Estaciones Azules. Son ellas quienes participan en las jornadas de limpieza de ríos y playas. Son ellas quienes enseñan a sus hijos e hijas a separar residuos. Son ellas quienes, en muchos casos, son las primeras en percibir el deterioro del entorno marino porque su vida —su economía, su alimentación, su identidad— depende de ese mar.

La economía circular, en su versión más honesta, es una economía del cuidado. Y el cuidado, históricamente, ha sido trabajo de mujeres.

"Puntacana Circular" tiene el potencial de reconocer eso explícitamente: de convertir ese trabajo invisible en empleo formal, en capacitación técnica, en liderazgo comunitario reconocido. Esa es la deuda que el proyecto tiene con las mujeres que lo hacen posible desde abajo.

Un modelo para el Caribe, construido por mujeres

Al concluir su implementación, "Puntacana Circular" aspira a ser replicable en otros destinos turísticos del Caribe. Un modelo exportable de economía circular que demuestre que es posible gestionar los residuos de manera integral, proteger los ecosistemas marinos y generar valor económico al mismo tiempo.

Ese modelo, si se cuenta con honestidad, tendrá nombres de mujer.

Tendrá el nombre de las científicas que diseñaron los sistemas de valorización. De las educadoras que formaron a 500 trabajadores del sector turístico. De las recolectoras que salieron al sol a limpiar playas. De las ejecutivas que negociaron el financiamiento con Alemania y el Caribe. De las líderes comunitarias que convencieron a sus vecinos de separar la basura desde el origen.

El mar no se salva solo. Lo salvan ellas.