Gilda Vásquez y las brigadistas de Altice: cuando la seguridad corporativa también tiene nombre de mujer

En Altice Dominicana, 39 colaboradores se graduaron como brigadistas de emergencias. Entre ellos, mujeres que eligieron voluntariamente prepararse para salvar vidas. Al frente de la ceremonia, una vicepresidenta corporativa que recibió al Estado con autoridad institucional.

Hay una imagen que el comunicado de Altice Dominicana no describe con suficiente detalle, pero que vale la pena detenerse a leer: una vicepresidenta corporativa recibiendo a los representantes del Centro de Operaciones de Emergencias (COE) en nombre de la empresa. No como anfitriona de protocolo. Como la máxima autoridad presente en el acto.

Esa mujer es Gilda Vásquez, vicepresidenta corporativa de Altice Dominicana, y su presencia en la ceremonia de graduación del programa *"Reducción del Riesgo y Manejo ante Situaciones de Emergencias y Desastres"* no es un dato menor. Es una declaración sobre quién toma decisiones en una de las empresas de telecomunicaciones más grandes del país.

Decidir prepararse: el acto político de las brigadistas voluntarias

El programa que culminó esta semana formó a 39 integrantes de la brigada de emergencias de Altice Dominicana en tres módulos especializados: manejo de emergencias, prevención y mitigación de incendios, y trauma prehospitalario. La capacitación fue impartida por el COE, el organismo rector de la gestión de riesgos en República Dominicana.

Lo que el comunicado menciona casi al pasar es uno de los datos más relevantes de toda la nota: los brigadistas son colaboradores voluntarios. No fueron designados. Eligieron estar ahí.

En un país donde la cultura de prevención todavía lucha por instalarse en el tejido corporativo, y donde los roles de cuidado y protección siguen siendo asignados socialmente a las mujeres pero raramente reconocidos como competencia técnica o liderazgo, que una mujer levante la mano para formarse en manejo de emergencias, atención prehospitalaria y control de incendios es un acto que merece ser nombrado.

No se sabe cuántas de las 39 personas graduadas son mujeres. El comunicado no lo dice. Y esa omisión, en sí misma, es parte del problema que este artículo intenta señalar.

Gilda Vásquez: la autoridad que recibe al Estado

La ceremonia contó con la presencia del subdirector de operaciones del COE, Erdwin Robert Olivares, y del coordinador de la mesa de infraestructura, el ingeniero Juan Fernández. Ambos fueron recibidos por Gilda Vásquez, vicepresidenta corporativa de Altice Dominicana.

El verbo importa. No "acompañada por". No "junto a". Recibidos *por* ella.

En el protocolo corporativo, quien recibe a las autoridades externas es quien representa a la institución. Vásquez no estaba en ese acto como figura decorativa ni como representante de recursos humanos. Estaba como la cara institucional de Altice ante el Estado dominicano en un momento de compromiso formal con la seguridad pública.

Ese tipo de presencia femenina en el vértice de decisión de una empresa de telecomunicaciones sigue siendo estadísticamente excepcional en América Latina. Según datos de la CEPAL, las mujeres ocupan menos del 20% de los cargos de alta dirección en empresas del sector tecnológico y de comunicaciones en la región. Vásquez es parte de ese porcentaje minoritario que, sin embargo, ejerce con plena autoridad.

Seguridad como política de género

Hay una dimensión del programa de Altice que pocas veces se analiza desde una perspectiva de género: la formación en emergencias dentro de las empresas es también una política de cuidado.

Cuando una organización capacita a su personal para responder ante incendios, traumas o desastres, no solo protege sus activos. Protege a las personas que trabajan ahí. Y en República Dominicana, donde las mujeres representan una parte significativa de la fuerza laboral de las grandes corporaciones de servicios, esa protección tiene un impacto directo y concreto sobre sus vidas.

Una brigadista formada en trauma prehospitalario puede salvar una vida en los primeros minutos después de un accidente. Una colaboradora entrenada en prevención de incendios puede evitar una tragedia. Ese conocimiento no se queda en la empresa: se va a casa, al barrio, a la comunidad.

La formación técnica en seguridad, cuando llega a manos de mujeres, multiplica su impacto más allá del perímetro corporativo. Eso es lo que Altice puso en marcha, aunque el comunicado no lo haya dicho con esas palabras.