Las 76 de Fémina: maestras, farmacéuticas, amas de casa y la primera médica dominicana que inventaron el periodismo feminista

No eran periodistas de oficio: eran maestras normales, profesionales, activistas y amas de casa que tomaron la pluma como arma de emancipación, y así construyeron el periodismo feminista que hoy se reconfigura y también se celebra cada 5 de abril.
Santo Domingo. -Cuando se habla de la historia del periodismo dominicano, los nombres que aparecen suelen ser masculinos. Pero entre 1922 y 1939, al menos 76 mujeres escribieron, editaron, debatieron y transformaron la realidad de su país desde las páginas de una revista llamada Fémina. No eran periodistas tituladas —en aquella época no existían escuelas de comunicación—. Eran maestras normales, amas de casa, farmacéuticas, oficinistas y hasta una médica graduada en París, que encontraron en la prensa feminista el único espacio donde sus voces no eran acalladas.
Sus nombres y perfiles permanecieron en la penumbra durante más de ocho décadas, hasta que desarrollamos la investigación doctoral —"Periodismo, feminismo y agencia", con la cual buscamos rescatar del olvido y devolverlas a la historia.
Petronila Angélica Gómez Brea: la directora que se autoproclamó «ciudadana y periodista feminista»
El epicentro de Fémina fue Petronila Angélica Gómez Brea (Santo Domingo, 31 de enero de 1883 – Santo Domingo, 1 de septiembre de 1971). Su perfil desafía cualquier encasillamiento: fue maestra normal graduada de la Escuela Normal de Santo Domingo en 1915, editorialista, empresaria, la segunda mujer en poseer una imprenta propia en la República Dominicana y la primera cronista electoral del país.
Desde la imprenta Altagracia en San Pedro de Macorís —ciudad donde residió entre 1908 y 1934— y luego con la tipografía Fémina —desde 1926—, Gómez Brea editó 209 números de Fémina a lo largo de 17 años. Pero su rol excedía el de directora: era articulista, administradora, correctora, distribuidora y gestora de redes internacionales con organizaciones feministas de América Latina, el Caribe y Estados Unidos.
Como documentamos se consideraba heredera directa de la poetisa y educadora Salomé Ureña (1850-1897). En sus memorias de 1955, escribió sobre «la doble virtud de Salomé Ureña: la de ser poeta y maestra», tomando como punto de partida el poemario que compartían en tertulias y veladas literarias las colaboradoras de Fémina. Y esto lo he escrito en: «Salomé, poderosa genealogía que impulsó nuestras pioneras».
Consuelo Montalvo de Frías: la jefa de redacción que organizaba las tertulias
Si Gómez Brea era el alma directiva, Consuelo Montalvo de Frías fue la voz más combativa de la revista. Periodista, feminista y jefa de redacción de Fémina, Montalvo de Frías sostuvo junto a la directora la publicación hasta 1932, cuando se separaron editorialmente.
Su perfil era el de una activista integral: no solo escribía editoriales incendiarios sobre los derechos políticos y civiles de las dominicanas, sino que organizaba a maestras normales, amas de casa, farmacéuticas y oficinistas para acciones sociales concretas. En diciembre de 1923, como relató en su artículo «Fémina y los niños pobres» —publicado el 15 de enero de 1924—, coordinó una velada navideña para llevar regalos, zapatitos y prendas de vestir a la niñez desvalida de San Pedro de Macorís.
En febrero de 2026, en «Una medalla pendiente para la voz más feminista de la República Dominicana» precisamos que: «Aún falta reconocer con la misma solemnidad a mujeres que, desde la "sombra del hogar" y las páginas de la prensa, abrieron caminos de emancipación».
María Luisa Angelis Canino: la tercera columna de la triada editorial
Junto a Gómez Brea y Montalvo de Frías, María Luisa Angelis Canino completó el núcleo fundacional de Fémina. La identifico como parte de la triada fundacional de «maestras, amas de casa y activistas» que sostuvo la revista, Angelis Canino participó activamente en la fundación de la Liga Feminista Dominicana (LFD) el 10 de mayo de 1925.
También hemos documentado, en «2025: un siglo de activismo feminista en RD», que los registros de Fémina y de otras revistas ilustradas de la época permiten constatar que estas tres mujeres fueron las articuladoras del «primer movimiento político público liderado plenamente por las dominicanas».
La doctora Evangelina Rodríguez: la médica que escribió desde París
Entre las colaboradoras de Fémina destaca un perfil excepcional: el de la doctora Evangelina Rodríguez, la primera mujer dominicana en obtener el título de médica en 1911 y quien luego se especializó en ginecología y obstetricia en París.
Según la investigación, fue el 15 de octubre de 1924 cuando Rodríguez lanzó desde la capital francesa un llamado que se convirtió en punto de inflexión: observando cómo las mujeres europeas trabajaban en hospitales, lideraban empresas y ocupaban roles de oficinistas con libertad y autonomía, contrastó esa realidad con la de su país, «donde prevalecían temores y mitos ante la laboriosidad independiente, más allá del hogar». Su voz encontró en Fémina el canal para resonar en la República Dominicana.
Mercedes Amiama: la anfitriona de la reunión secreta
Otro perfil clave fue el de Mercedes Amiama, la mujer que cedió su local —el «Kindergarden», ubicado en la casa número 10 de la calle Duarte en Santo Domingo— para la reunión fundacional de la Liga Feminista Dominicana.
En «Mayo sufragista» relatamos que aquel 10 de mayo de 1925 «vibraba el jazz y el bronce naranja de la ciudad amurallada» cuando las mujeres, «ataviadas de blanco», se reunieron en el local de Amiama con el respaldo de cuatro intelectuales: el jurista Félix María Nolasco, Federico Henríquez y Carvajal, Francisco Amiama Gómez y Luis C. del Castillo. Al teléfono, desde San Pedro de Macorís, Consuelo Montalvo de Frías, Celina L. de González y Laura H. Geraldino respaldaban la fundación del Comité Central Feminista.
Las que escribían «desde el teclado de sus Olivetti»
Más allá de los nombres que la investigación ha logrado individualizar, el universo de 76 colaboradoras con perfiles diversos que desafían la imagen monolítica de la mujer dominicana de principios del siglo XX. Y esto lo señalamos en «103 años de Fémina», la revista fue «refugio y ágora intelectual de hasta ahora 76 mujeres que soñaban y exigían derechos desde el teclado de sus Olivetti».
Los perfiles identificados incluyen:
- Maestras normales: El grupo más numeroso. Formadas en las escuelas normales del país, eran las profesionales con mayor acceso a la escritura y la lectura crítica. Desde las aulas enseñaban civismo y municipalidad; desde Fémina, exigían derechos.
- Amas de casa: Mujeres que, sin título profesional, participaban de la vida intelectual a través de la revista. Organizaban veladas, tertulias y acciones solidarias, y escribían artículos sobre la condición femenina.
- Farmacéuticas y profesionales: Mujeres con formación técnica y científica que aportaban una perspectiva distinta al debate feminista, vinculando la autonomía económica con la emancipación.
- Oficinistas: Representantes de la «nueva mujer» que comenzaba a insertarse en el mercado laboral urbano, especialmente en San Pedro de Macorís, la próspera ciudad azucarera.
- Conferencistas y articulistas: Mujeres que ejercían la oratoria pública y la escritura como herramientas de incidencia, muchas de ellas vinculadas a la lucha antiimperialista contra la ocupación estadounidense (1916-1924).
Estas mujeres no solo escribían, eran voz contra el imperialismo ( «Las pioneras del feminismo y la doctrina Monroe»), «privadas de derechos civiles y políticos, asumieron con valentía un rol» que incluía ser «conferencistas, articulistas y gestoras de fondos durante la época intervencionista». Incluso, «articularon lo que hoy podemos reconocer como planes de desarrollo del país», según escribió en «La patria de las mujeres».
Una estrategia editorial innovadora: fidelizar desde la comunidad
Ahora que hablamos de innovación periodística veamos a Fémina, pues no era solo una tribuna ideológica, sino un emprendimiento editorial innovador. En la edición número 76 de la revista (1926) apareció lo que casi un siglo después podría catalogarse como una estrategia de fidelización de audiencia: un anuncio en un cuarto de página que agradecía a las suscriptoras y las invitaba a sostener la publicación.
Gómez Brea, además de periodista, era empresaria: administraba su propia imprenta, gestionaba la distribución de la revista y construyó una marca que, como señala Lora, «trasciende a los 100 años de creada».
Las «narrativas de la emancipación»: un legado que la tesis devolvió a la historia
Al rescatar a las 76 colaboradoras no solo les damos un marco conceptual. Las recolocamos en el lugar que merecen, la de protagonistas de las «narrativas de la emancipación», un concepto que describe la praxis periodística mediante la cual estas mujeres canalizaron sus demandas de derechos civiles, políticos y económicos.
Como sintetizo en el perfil de Gómez Brea en Ciudadanía Fémina: la directora «sostiene durante 17 años la agencia que permite a sus contemporáneas desarrollar la praxis periodística en las que se canalizan las narrativas de la emancipación».
Esas narrativas culminaron en un hito político concreto: la conquista del sufragio femenino en 1942. Como he insistido en múltiples publicaciones: «El voto femenino no fue un regalo del dictador Trujillo». Fue el resultado de dos décadas de trabajo editorial, organizativo y político de mujeres que, sin derechos plenos, construyeron ciudadanía desde una revista, desde el periodismo.
Hoy, los 76 nombres rescatados del silencio demuestran que el periodismo dominicano no empezó solo con El Telégrafo Constitucional en 1821. También empezó —de otra manera, con otra voz, con otra urgencia— el 15 de julio de 1922, cuando un grupo de mujeres decidió que la palabra impresa era el camino hacia la libertad.
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