Si queremos una presidenta en 2028, el trabajo empieza ahora… Gloria Reyes lo sabe

Las presidentas no se improvisan. Se construyen desde adentro de los partidos, en las comisiones que nadie fotografía, en las campañas que otros firman, en los cargos que el sistema reparte con cuentagotas. En la República Dominicana, este 9 de agosto de 2026 es el momento en que esa construcción se juega.
Hay una verdad que la política latinoamericana ha demostrado una y otra vez, con Michelle Bachelet, con Dilma Rousseff, con Xiomara Castro, con Claudia Sheinbaum: ninguna mujer llega a la presidencia sin haber ocupado antes los espacios de dirección de su propio partido. No como cuota. Como dirigente real, con poder de decisión, con territorio propio, con votos que le pertenecen.
Ciertamente, desde 1844 la República Dominicana nunca ha tenido una presidenta.
Es una deuda histórica que el sistema político dominicano lleva décadas postergando con la misma excusa de siempre: todavía no es el momento, hay que esperar, primero hay que consolidar. Y mientras se espera, los partidos siguen siendo conducidos mayoritariamente por hombres, las candidaturas presidenciales siguen siendo mayoritariamente masculinas, y el techo de cristal sigue intacto, invisible y durísimo.
Pero 2028 se acerca. Y si existe alguna posibilidad real de que una mujer encabece una fórmula presidencial competitiva en ese ciclo electoral, la puerta se abre o se cierra en 2026, en las renovaciones internas de los partidos. En las direcciones ejecutivas. En los organismos que deciden quién tiene poder y quién no.
¿Por qué la dirección del partido es el paso que no se puede saltear?
La historia es siempre la misma: se le pide a las mujeres que demuestren capacidad, que acumulen experiencia, que esperen su turno. Y cuando llega el momento de las candidaturas presidenciales, el argumento cambia: no tiene estructura, no tiene partido detrás, no tiene los votos internos.
Es una trampa circular. Y se rompe de una sola manera: ocupando los espacios de dirección partidaria antes de que llegue la campaña.
No es teoría feminista abstracta. Es mecánica electoral. Una candidatura presidencial sin respaldo orgánico del partido es papel mojado. La dirección ejecutiva de un partido como el PRM no es un cargo honorífico: es el lugar desde donde se distribuyen los recursos, se definen las alianzas, se construyen las listas y se decide quién tiene futuro político y quién no.
Una mujer en ese espacio, en 2026, es una mujer con posibilidades reales en 2028. La de 2026 abre la puerta a la de 2028.
Gloria Reyes: el perfil que la política dominicana necesita ver en ese lugar

La trayectoria política de Gloria Reyes es su respaldo de sus aspiraciones.
Hay algo que distingue a Gloria Reyes de otras figuras que circulan en el debate político dominicano: ella no llegó hasta donde está por designación ni por proximidad familiar al poder. Llegó caminando cada escalón.
En 2010, con 22 años, coordinaba el movimiento Jóvenes Profesionales Revolucionarios en las estructuras del entonces PRD. No era un cargo glamoroso. Era trabajo territorial, reuniones en barrios, construcción de redes sin cámaras. Ese es el tipo de militancia que no se finge.
Pasó por la Coordinación Nacional de la Juventud del Sector Externo, por la Vicepresidencia de la Juventud Revolucionaria Dominicana, por la Comisión de Formación del PRM en Santo Domingo Oeste cuando el partido todavía estaba siendo construido ladrillo a ladrillo. Fue electa diputada en 2016, a los 29 años, y desde el Congreso no se limitó a ocupar una banca: fue vicevocera del bloque, integró la Comisión Política del partido, presidió el Grupo Parlamentario ante el PARLACEN.
Después vino la gestión. Primero Progresando con Solidaridad. Luego el diseño y la conducción de Supérate, el programa de protección social más ambicioso del Estado dominicano en años recientes. No como figura de prensa: como arquitecta de la política pública.
En 2022 entró formalmente a la Dirección Ejecutiva del PRM. En 2024 supervisó la campaña en Santo Domingo Oeste, una de las demarcaciones electorales más complejas del país. En 2026 fue designada ministra de la Mujer y asumió la presidencia pro tempore del Consejo de Ministras del SICA, llevando la agenda de género dominicana al plano regional.
Dieciséis años. Sin saltar etapas. Sin atajos.
Lo que el sistema le sigue debiendo a las mujeres dominicanas

Dos voces, una misma batalla. La española Clara Campoamor, defensora del sufragio femenino en 1931, y Gloria Reyes, quien en 2026 aspira a la dirección ejecutiva del PRM, encarnan décadas de lucha por el derecho de la mujer a decidir, liderar y transformar la política desde adentro.
La República Dominicana tiene una Ley de Partidos que establece cuotas de participación femenina. Tiene mujeres en el gabinete, en el Congreso, en las alcaldías. Tiene un Ministerio de la Mujer que en este momento conduce una de las dirigentes con mayor trayectoria orgánica del partido de gobierno.
Y sin embargo, cuando se habla de candidaturas presidenciales, incluso a lo interno, los nombres que circulan con más fuerza siguen siendo, casi siempre, masculinos.
Eso no cambia solo con voluntad. Cambia cuando las mujeres tienen poder real dentro de los partidos. Cuando no dependen del favor de un líder para tener visibilidad. Cuando su nombre pesa en las negociaciones internas porque representan votos, territorio y estructura propia.
Por eso importa lo que ocurra en el PRM este 9 de agosto. No como anécdota interna de un partido. Como señal de si la política dominicana está dispuesta, de verdad, a dar el paso que todavía no ha dado.
La esperanza tiene nombre, pero también tiene condición
Sería deshonesto escribir esta crónica como si el camino estuviera despejado. No lo está, amigas ciudadanas.
Los partidos dominicanos siguen siendo estructuras donde el poder se negocia en espacios que las mujeres no siempre controlan. Las resistencias no son siempre explícitas: son sutiles, son procedimentales, son el eterno todavía no.
Pero también es cierto que pocas veces en la historia política reciente del país ha existido una figura femenina con el perfil que hoy tiene Gloria Reyes: legitimidad orgánica, experiencia legislativa, gestión de políticas públicas de escala nacional y proyección regional. No es una candidata fabricada para una foto. Es una dirigente que el sistema político dominicano construyó, aunque no siempre con esa intención.
Si el PRM la coloca en un lugar de conducción real en 2026, estará haciendo algo más que renovar su dirección interna. Estará abriendo, por primera vez con seriedad, la conversación sobre lo que este país todavía no se ha permitido imaginar con claridad:
Una mujer en el Palacio Nacional
Y esa conversación, si no empieza ahora, en agosto de 2026, en las renovaciones partidarias que nadie transmite en vivo pero que lo deciden todo, volverá a postergarse cuatro años más.





