Margarita Cordero: la periodista que ha hecho del feminismo trinchera. La celebramos en este mes de marzo

El Ministerio de la Mujer reconoció en este mes de marzo a una de las voces más lúcidas, incómodas y necesarias del periodismo dominicano: Margarita Cordero. 

Nacida en Santo Domingo el 3 de junio de 1946, recibió la Medalla al Mérito de la Mujer Dominicana en la ceremonia que cada año, con motivo del Día Internacional de la Mujer, honra a las dominicanas cuya trayectoria marca un antes y un después en la vida nacional.

No es la primera vez que el país reconoce a Cordero, pues se lo merece. En 2015 recibió el Premio Nacional de Periodismo, convirtiéndose apenas en la segunda mujer en obtener ese galardón en la historia de República Dominicana. El presidente del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), Olivo de León, dijo entonces que sus más de 30 años de trayectoria eran "una escuela, un ejemplo a emular por jóvenes y menos jóvenes", como recogió Acento.com.do

Pero la Medalla al Mérito tiene un significado distinto: no premia una carrera profesional solamente, sino una vida entera dedicada a transformar la sociedad desde la palabra y la acción.

La trayectoria de Margarita Cordero es un mapa del periodismo dominicano de las últimas cinco décadas. Fue reportera y ejecutiva de la Revista Ahora, la Revista Rumbo, los periódicos El Siglo y El Sol, y las emisoras Radio Cristal, Radio Continental y Radio Comercial. Pero hay un dato que la distingue de la mayoría de sus colegas: fue parte del equipo de Quehaceres, la publicación del Centro de Investigación para la Acción Femenina (CIPAF), la organización feminista fundada en 1979 por la socióloga Magaly Pineda.

Quehaceres no era una revista más: era una herramienta de pensamiento feminista, de investigación sobre la condición de las mujeres dominicanas y de denuncia de las violencias que el resto de los medios ignoraba o naturalizaba.

El CIPAF, donde Cordero dejó huella, lleva más de 45 años trabajando por el desarrollo del movimiento de mujeres en República Dominicana. Desde su fundación, como señala la propia organización, asumió "el compromiso histórico de apoyar el desarrollo del movimiento de mujeres, impulsando acciones que favorezcan su constitución como sujeto social, cultivando sus capacidades de propuesta y gestión y propiciando su protagonismo en las acciones por lograr la plena igualdad y justicia social".

Cordero no fue una colaboradora circunstancial de ese proyecto: fue parte orgánica de una generación de mujeres que entendió que el periodismo y el feminismo no eran caminos separados, sino uno solo.

Por el periodismo

Fue también miembro fundador del Sindicato Nacional de Periodistas Profesionales, en una época en que organizar a los trabajadores de prensa era un acto de valentía política. Cordero siempre entendió que la libertad de prensa y los derechos de las mujeres eran luchas inseparables: no puede haber periodismo libre en una sociedad que somete a la mitad de su población.

Esa convicción la llevó a convertirse en una de las voces más firmes contra la violencia de género en los medios dominicanos, en un tiempo en que hablar de feminicidios era considerado "exageración" y denunciar el acoso era motivo de burla.

En 2019, Cordero publicó "Nosotras, las de entonces", un libro que es a la vez memoria personal y crónica generacional. La obra narra las vivencias de una generación de mujeres dominicanas que creció entre la dictadura trujillista y la efervescencia política de los años 60 y 70, mujeres que pusieron el cuerpo en la lucha por la democracia y que, al mismo tiempo, tuvieron que pelear dentro de sus propios movimientos para que la causa de las mujeres no fuera relegada a un segundo plano.

Como escribió el crítico Enrique Cabrera Vásquez, el libro constituye "reminiscencias pluralizadas en la conciencia de la historia", un testimonio de las pasiones y los sacrificios de aquellas compañeras que soñaron con un país distinto.

La plataforma Ciudadanía Fémina, espacio de articulación del periodismo feminista dominicano, ha reivindicado precisamente la necesidad de narrar a las pioneras como un acto de justicia histórica. En su proyecto Pioneras a la Vista, propone la "construcción de genealogías de las mujeres desde medios propios" y el reconocimiento de su papel como "sujetos históricos".

Margarita Cordero es, sin duda, una de esas pioneras: una mujer que desde la Revista Ahora hasta las páginas de Quehaceres, desde los micrófonos de Radio Cristal hasta las páginas de sus libros, construyó un periodismo que no le temía a la palabra feminismo cuando pronunciarla era un riesgo.

Discurso memorable

Al recibir el Premio Nacional de Periodismo en 2015, Cordero no se limitó a agradecer. Usó el estrado para lanzar una crítica que sigue vigente: "El periodismo dominicano tiene un déficit profesional y ético, nos hemos acostumbrado al periodismo sin información", dijo.

Y agregó: "Nos convertimos en publicistas de quienes mueven los hilos de poder cuando damos categoría de explicación a las informaciones interesadas de funcionarios, políticos, empresarios y dirigentes sociales". Esa lucidez incómoda, esa negativa a complacer al poder, es lo que hace de Cordero una periodista excepcional y una feminista consecuente.

Al entregársele la Medalla al Mérito de la Mujer Dominicana en el marco del 8 de marzo, el país ha reconocido más que una carrera brillante. Ha reconocido a una mujer que demuestra cada día que el periodismo puede ser un instrumento de liberación, que la palabra escrita puede ser trinchera contra el patriarcado, y que la ética profesional y el compromiso feminista no son adornos del currículum sino razones de vida. 

Margarita Cordero tiene 79 años y sigue siendo incómoda. Sigue preguntando lo que otros callan. Sigue nombrando lo que el poder prefiere ocultar. Eso, en República Dominicana y en cualquier parte del mundo, no se premia con flores: se premia con una medalla que lleva el peso de todas las mujeres que lucharon antes y de todas las que seguirán luchando después.

Felicidades maestra, el periodismo y el feminismo dominicano le debe más de lo que una medalla puede pagar.