Las manos que alimentan a Miches: mujeres, memoria y gastronomía como acto de resistencia

El primer Festival Sabores de Miches no fue solo una celebración culinaria. Fue un acto político protagonizado, en gran medida, por mujeres que llevan generaciones sosteniendo la identidad de un pueblo desde los fogones.
Miches no se descubre en un mapa. Se descubre en el olor del coco recién rallado, en el caldero que hierve desde temprano, en las manos de una abuela que no necesita receta escrita porque la memoria del sabor vive en su cuerpo. Durante cuatro días, del 11 al 14 de junio de 2026, el Parque Juan Pablo Duarte se convirtió en el escenario donde esa memoria salió a la luz pública, fue aplaudida, documentada y reconocida como lo que siempre fue: patrimonio.
El primer Festival Gastronómico de Miches "Sabores de Miches" reunió a productores, pescadores, cocineros, emprendedores, artesanos y visitantes en torno a una verdad que el turismo de enclave suele ignorar: que la riqueza de un destino no está en su infraestructura, sino en su gente. Y en Miches, como en tantos territorios del Caribe, esa gente tiene, mayoritariamente, nombre de mujer.
Claritza, Yanna, Solangel: los nombres que sostienen el festival
Detrás de cada gran evento hay una arquitectura invisible. En Sabores de Miches, parte de esa arquitectura tiene nombre propio: Claritza Amparo, una de las tres personas oriundas del municipio que organizaron el festival junto a Yankel Coplín Mauricio y Ualnovis Nova. Su presencia en el comité organizador no es un dato menor: es la evidencia de que las mujeres de Miches no esperaron que nadie viniera a contar su historia. La construyeron ellas mismas.
En el escenario culinario, la visibilidad femenina fue igualmente contundente. La chef Yanna Peralta encabezó el cooking show del dulce típico "Morocco de Miches", una preparación que condensa siglos de saber popular y que, en sus manos, se convirtió en demostración pública de que la cocina tradicional es técnica, es arte y es identidad. No folklore. No decorado. Gastronomía con mayúscula.
Y si hubo un momento que resumió el espíritu del festival, fue el Gran Caldero Michero: más de mil personas alimentadas por la chef Solangel Velázquez en una sola jornada. Un acto de generosidad y destreza que, en cualquier otro contexto, habría merecido titulares. Aquí merece algo más: reconocimiento permanente.
"La Receta de la Abuela": cuando el saber femenino se vuelve patrimonio oficial
Uno de los concursos más significativos del festival fue, precisamente, el que más directamente honró a las mujeres que nunca tuvieron diploma ni cocina de acero inoxidable: "La Receta de la Abuela – Con Coco", dedicado a rescatar y reconocer las preparaciones que forman parte de la memoria culinaria de las familias micheras.
Nombrar ese concurso "La Receta de la Abuela" es un acto de justicia histórica. Durante siglos, el conocimiento culinario femenino fue transmitido de generación en generación sin reconocimiento económico, sin autoría, sin archivo. Las abuelas de Miches —como las de toda América Latina— fueron las primeras investigadoras gastronómicas, las primeras en experimentar con ingredientes locales, las primeras en adaptar recetas a la escasez y transformarla en abundancia. Un festival que las nombra y las premia está haciendo, en pequeña escala, lo que los Estados todavía deben: reconocer ese trabajo como lo que es.
Katherine Durán: liderar desde la convicción
El respaldo institucional del festival llegó de la mano de Fundación Tropicalia, y su voz pública fue la de Katherine Durán, directora de la Fundación. En un sector donde las mujeres suelen ocupar roles de comunicación o protocolo, Durán habló con la autoridad de quien toma decisiones estratégicas y las sostiene con argumentos.
"Detrás de cada plato existe una historia que fortalece la identidad de Miches y genera oportunidades para el desarrollo. Cuando apoyamos iniciativas como Sabores de Miches, también estamos respaldando a las personas que preservan ese legado", afirmó.
Su declaración no es solo una cita institucional. Es una definición política: la gastronomía como herramienta de desarrollo sostenible, y el apoyo a quienes la sostienen —en su mayoría, mujeres— como inversión estratégica. Durán representa un modelo de liderazgo femenino que no pide permiso: construye alianzas, moviliza recursos y pone el nombre de una comunidad en el mapa.
Lo que Miches le enseña al turismo dominicano
El Festival Sabores de Miches ocurrió en un municipio que el turismo masivo todavía mira de lejos. Eso, paradójicamente, es su mayor fortaleza. Miches aún tiene lo que muchos destinos perdieron en el camino hacia la industrialización: autenticidad, comunidad, memoria viva.
Y esa memoria, como quedó demostrado durante cuatro días en el Parque Juan Pablo Duarte, la custodian las mujeres. Las que organizan, las que cocinan, las que enseñan, las que dirigen fundaciones, las que guardan recetas en la cabeza porque nadie se molestó en escribirlas.
El turismo que viene —el que realmente genera desarrollo y no solo divisas— necesita aprender a leer ese mapa. Un mapa donde el patrimonio no está en los edificios, sino en las personas. Y donde las personas que más saben, con frecuencia, son ellas.
El Festival Sabores de Miches fue organizado por Yankel Coplín Mauricio, Claritza Amparo y Ualnovis Nova, con el apoyo del Fondo Especial para el Desarrollo Agropecuario (FEDA), la Alcaldía Municipal de Miches, Fundación Tropicalia y Four Seasons Resort Dominican Republic at Tropicalia.

Karla Báez[/caption] 




